Nuevo logo de Escuela de baile La Candela.

La semilla de La Candela la plantó Marco Valero.
Este madrileño de sangre jerezana y flamenca, decidió apostar por su verdadera vocación: ¡Bailar!
¡Conócenos!

Los profesores de Escuela de baile La Candela.. Tatiana, Ilona, Marco y Nines.

Escuela de baile La Candela

Forman un cóctel artístico que combina la técnica de la danza clásica, el duende del flamenco, la creatividad de los buenos coreógrafos y el amor por la enseñanza.

Hace ocho años, Marco, Tatiana, Ilona y Ángeles se unieron para dar vida a la Escuela de baile La Candela, un rincón en Algete, en donde se respira pasión por la danza en un ambiente distendido y familiar.

El paso del tiempo ha premiado el trabajo bien hecho, el cariño y la pasión que ponen en cada una de sus clases, y así La Candela se ha convertido en una de las mejores escuelas de baile de la Comunidad de Madrid.

La semilla de “La Candela” la plantó Marco Valero, este madrileño de sangre jerezana y flamenca, decidió apostar por su verdadera vocación, el baile.

Tatiana, Ilona y Ángeles comenzaron siendo alumnas suyas cuando la escuela llevaba apenas dos meses abierta. Marco enseguida se dio cuenta de que eran unas alumnas muy aventajadas: Se pusieron detrás de mí a dar vueltas y pensé “estas me van a matar”, recuerda con una sonrisa. No en vano las tres llevaban bailando desde niñas. Profesor y alumnas no tardaron en unir sus talentos y en formar un cuarteto en el que los papeles están muy bien definidos: Marco es sobre todo el espíritu creador, el coreógrafo de bellos montajes flamencos. Tatiana el “cerebro” de “La Candela”, quien organiza y tiene en la cabeza el organigrama y las necesidades de la escuela.

Ilona Yavorskaya maneja a la perfección las relaciones con los padres y alumnos; ama por encima de todo la enseñanza y diseña con mimo los montajes y el vestuario de las actuaciones de burlesque, bollywood o zumba.

Ángeles ha asumido el papel de relaciones públicas. Es la que se encarga de establecer contactos para cerrar actuaciones o de publicitar las actividades de la escuela.

Los profesores de Escuela de baile La Candela. Ilona, Nines, Marco y Tatiana.

Los cuatro además dan clase. Esa división de tareas es, para ellos, una de las claves del éxito de “La Candela”, pero señalan otro factor clave: “La implicación de los padres, que nos ayudan a hacer publicidad o a buscar músicas. Tenemos también alumnos que presentan festivales. Padres y alumnos se sienten partícipes del proyecto. Es como una gran familia”, asegura Ángeles González.

Todos coinciden en otro aspecto: El corazón de la escuela son los niños. “Es maravilloso porque los vemos crecer, parecerse a los maestros y ser incluso mejores que nosotros, y eso es muy gratificante”, apunta Marco.

A la hora de impartir las clases los cuatro tienen claro que lo fundamental es crear un clima de empatía con los alumnos, aunque no siempre resulta fácil, sobre todo con los más pequeños. “Yo a veces preparo las clases en casa y vengo con toda la ilusión; pero con los niños tienes que adaptarte en cuestión de segundos. Si ese día están cansados o más receptivos, enfocas la clase de una manera o de otra. A veces hay que utilizar el juego para que no se aburran y siempre con cariño”, explica Tatiana.

Ángeles se define a sí misma como “una madre consentidora”. “Para mí son todos mis niños y mis niñas, como si fueran adoptados. Y me funciona mucho el cariño, pero también la disciplina. La niña que te llena de besos en la calle cuando te encuentra, por que eres la profe y te adora, también te respeta en clase”.

Pero más allá de la disciplina necesaria para cualquier aprendizaje, en las aulas de la “La Candela” intentan sacar el artista que cada alumno lleva dentro. “La música es matemáticas, hay un compás que es necesario seguir. Sin esa técnica no puedes fluir, pero cuando traspasas las matemáticas y puedes volar y sentir es un placer enorme. Es lo que intento conseguir con los alumnos: que traspasen esa técnica, que vuelen y que salga su arte, el que tenga cada uno”, apunta Marco.

Y es que bailar, además de ser un estupendo ejercicio físico, es un excelente vehículo de expresión. Ilona lo observa cada día en sus clases y sobre el escenario: “A través de la danza, bailando a solas, en la sala de ensayos o en el escenario sacamos nuestro otro yo, nuestra verdadera identidad, algo íntimo que no está a la vista habitualmente; cada uno imprime a los pasos su propia personalidad”.

A las aulas de “La Candela” asisten desde niños y niñas que apenas andan hasta seniors de más de 60 años. Bailar no tiene edad y los beneficios que se obtienen con esta disciplina, tampoco. “Aquí tenemos mujeres de 60 años que las conoces por que trabajan en la tienda de al lado. Vienen a la academia y vas viendo como su cuerpo cambia año tras año. Ves como caminan más erguidas, más seguras… Ya no es la señora que vino el primer día, y eso es igual de maravilloso que ver evolucionar a las criaturas”, asegura Marco.

Los profesores de Escuela de baile La Candela. Ilona, Nines, Marco y Tatiana.

A lo largo de sus nueve años de andadura, han pasado centenares de alumnos por “La Candela”, y uno de los fenómenos más curiosos es observar como la experiencia de unos alumnos va atrayendo a otros hasta las aulas. “Tenemos incluso familias enteras bailando. Empieza la niña, sigue la madre, los hermanos, la tía y al final hasta el padre…” nos cuenta Ángeles.

Uno de los principales alicientes de este estudio de danza son los festivales que organizan a lo largo del curso. Suelen celebrarse en el Auditorio Joan Manuel Serrat, de Algete, aunque también han actuado en otras localidades. Ilona lo vive año tras año: “A los alumnos les permite vivir la experiencia de comunicar en público, vencer temores y disfrutar de los focos del escenario y de los aplausos. Durante el curso se va preparando la actuación y el vestuario. Cuando llega la representación se superan los nervios y ves que todo ha salido bien, es muy gratificante. Se crea mucho sentimiento de grupo y a los alumnos les da mucha vida. De alguna manera, es terapeútico”.

Lo cierto es que estos cuatro enamorados de la danza, empezaron con un pequeño local y ya han ampliado a dos. Dicen que para sacar adelante la escuela en estos tiempos complicados hace falta dedicación, esfuerzo y también, mucha vocación. Cada uno aplica en las clases su técnica y su estilo, pero los cuatro coinciden en que el centro es siempre el alumno: “El secreto es sentir a los alumnos, a los niños y también a los mayores. Creo que ahí reside nuestro secreto, siempre intentamos “sentir a cada alumno”, concluye Tatiana Yavorskaya, codirectora de “La Candela”.